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Desintermediación

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La desintermediación es el proceso por el cual la sociedad se desvincula de la obligación de canalizar sus procesos de comunicación a través de los medios de masas, especialmente los regulados.

Los medios de comunicación de masas, referidos tradicionalmente como los medios, funcionaban en condiciones de escasez real o, cada día más, de la generación artificial de esa escasez: un cuello de botella concede poder de decisión a quiénes ostentan su control para decidir lo que se publica o emite y lo que no. La escasez de espectro, en el caso de radios y televisiones convencionales, o las elevadas exigencias de capital para establecer una rotativa o elevar un canal de televisión a un satélite, crean barreras de entrada a la comunicación y su mercado.

Las consecuencias de este sistema son, principalmente dos: la primera, la reducción del número de voces, versiones de los hechos, estéticas y narrativas que tienen la capacidad para alcanzar a cualquier integrante de la población no únicamente de un territorio, sino mundial. La segunda, por el evidente poder de creación de ideología, relatos y versiones que pueden ser compartidas por muchas personas, la restricción de su propiedad y su regulación con fines de control político. No sólo para influir en la agenda de los sistemas de decisión política, sino para la creación de una ideología vinculada al poder estatal frecuentemente vinculada al territorio. La máxima expresión de este fenómeno son las televisiones públicas, cuyos estatutos y regulación contemplan con toda claridad la defensa y promoción de valores que coinciden plenamente con los creados por las prioridades de la clase política.

Derivado de ella, los sistemas de explotación económica de los medios se han vinculado a los territorios y sus lenguas. Regulación y escasez artificial, pues, contribuyen tanto al control de la comunicación como al sostenimiento del imaginario nacional de los estados. La desintermediación, por tanto, socava en profundidad tanto los modelos de negocio existentes como el poder de los gobiernos y estados, una consecuencia mencionada con frecuencia como uno de los efectos de lo que el profesor Castells llamó la sociedad red.

Internet permite la comunicación distribuida de vídeo permitiendo que personas, instituciones y organizaciones empresariales y sin ánimo de lucro hagan accesibles sus debates, discursos y elaboraciones narrativas prescindiendo de un agente que fiscaliza y decide qué merece publicarse o emitirse. Precisamente, la crítica hacia la libertad de publicación de internet reside en esa ausencia de filtro y es ejercida por los actores de los medios convencionales y los beneficiados de su sistema: intelectuales de referencia, artistas populares, editores preocupados de que los autores creen y cultiven sus propias audiencias, pretenden establecer el discurso de que la cultura y la sociedad se empobrecen ante la carencia del poder seleccionador de lo relevante sobre lo no relevante que tienen sus decisiones de publicación y producción.

Es obvio decir que la calidad, lo que se considera relevante, es una percepción subjetiva y que es definida por cada individuo. Con la desintermediación la calidad, entendida como referencia o éxito de un contenido, no es definida por el estatus de obra publicada o emitida, sino por la cantidad de enlaces que genera en las comunidades y redes para las que ese contenido es relevante. En definitiva, el filtro seleccionador de la atención, que sí es escasa, lo produce la reputación atribuida a las obras y no su existencia física.

Por su parte, la restricción – y puede decirse que la ansiedad – que contempla el proceso de desintermediación de la comunicación reside en que, precisamente, es altamente complejo reunir masas de consumidores alrededor de artículos, libros o productos de vídeo. Esta dificultad resulta de extremada dureza tanto para el estado y las organizaciones que se sustentan en él (partidos, sindicatos, patronales y otras organizaciones alimentadas por la regulación y la discrecionalidad del dinero estatal) como para la comunicación comercial de las empresas que desean no sólo no someterse a la bidireccionalidad que impone la interacción en red, sino que prefieren – por su sencillez – favorecer sistemas que permiten abarcar territorios completos y sus poblaciones como una única unidad.

Finalmente, es ese mismo proceso el que, al ser compleja la construcción de masas de usuarios, y dada la escala de los costes de producción de vídeo, hace compleja su financiación. De nuevo, un entorno escaso para un espacio infinito o potencialmente infinito (la red), lo que crea en algunos ilusiones acerca de la audiencia suficiente para todos los contenidos. Información y reporterismo (lo que llamaríamos periodismo), música, literatura y ensayo requieren de muchos menos recursos haciendo en la práctica posible que cualquier contenido imaginado tenga su sitio. El vídeo de altos valores de producción frente a los de pequeña escala, simples o caseros (no obstante de extraordinaria mejora de productividad hoy día) sigue conservando fuertes restricciones a pesar del proceso de desintermediación.

El resultado final de la desintermediación es la personalización del consumo.

Véase también

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